Por Daniel Bianchi
El presidente José Mujica anunció que, independientemente de cual sea el partido político que acceda al gobierno en las Elecciones Nacionales de 2014, deberá hacerse cargo de “dos o tres paquetitos atados” que él le dejará.
Los “paquetitos” de referencia no son oro, incienso y mirra, claro está, sino tres compromisos abrumadores: el puerto de aguas profundas, la planta regasificadora para procesar gas licuado y el ferrocarril.
En enero pasado el Poder Ejecutivo promulgó la ley que declara habilitado el puerto de aguas profundas en el departamento de Rocha, a casi 20 km de La Paloma. La terminal sería utilizada por empresas de Brasil y por la minera “Zamin Ferrous” para sacar del país la producción minera del proyecto “Aratirí”, por estas horas inmerso en una descarnada polémica.
La regasificadora, en tanto, apunta a modificar la matriz energética disminuyendo la dependencia del petróleo. La planta flotante sobre el Río de la Plata produciría por día hasta 10 millones de metros cúbicos de gas, treinta veces más del consumo diario de Uruguay, con lo cual podría usarse el gas en la industria y los hogares, y aún venderse a Argentina la mitad de la producción.
Respecto al tercer emprendimiento, el tren ha sido desde siempre uno de los buques insignia de los gobiernos frenteamplistas.
De hecho, en 2011 el gobierno uruguayo intentó reinstaurar, junto a su par argentino, el Tren de los Pueblos Libres, un servicio que se encargaría de unir los dos países a lo largo de 813 kilómetros, y que ya había funcionado entre 1982 y 1985 uniendo a las ciudades de Salto y Concordia. Sería prestado por la empresa Trenes de Buenos Aires (TBA), de la vecina orilla, y por la Administración de Ferrocarriles del Estado (AFE).
La inauguración oficial se llevó a cabo en Salto el 29 de agosto, con una hollywoodense puesta en escena que contó con la presencia de la presidente argentina Cristina Fernández y de su par uruguayo, y realizó su viaje inaugural el 23 de setiembre, partiendo desde la estación Pilar (Argentina) hasta Paso de los Toros (Uruguay).
Una semana más tarde dio inicio el recorrido completo de pasajeros con un viaje que llevó sólo a 25 personas, y que debido a un lógico problema de rentabilidad sólo concretó cinco veces la totalidad del trayecto, restringiéndose luego a Paysandú y finalmente a Salto. El 28 de mayo de 2012, TBA (empresa protagonista de la tragedia ocurrida el 23 de febrero de ese año en Once, que costó la vida a 51 personas y dejó a otras 703 heridas) paralizó todas sus líneas y el servicio dejó de circular definitivamente.
Su supervivencia, de todas formas, no hubiera sido fácil, por cuanto su implementación gestó polémica desde temprano, cuando los propios funcionarios de AFE protestaron porque el gobierno nacional no los había participado de la iniciativa y, además, porque en suelo uruguayo el tren era manejando por maquinistas argentinos. Los ferroviarios orientales no fueron tibios: “Cuando se inauguró, dijimos que esto era una payasada”, recordaron.
Con todo, el fracaso de esa conexión binacional no es, ni por asomo, el peor problema que enfrenta AFE. De hecho, su directorio reconoció ante el Senado el enorme atraso tecnológico, el elevado promedio de edad del personal, y las dificultades burocráticas que impiden jubilarse a casi 250 funcionarios a pesar de tener la edad y los años trabajados que marca la ley.
Y no menor es el problema que significan las casi 130.000 hectáreas de terrenos que el ente posee en todo el país y que, lejos de ser productivas, han generado enormes deudas por Contribución Inmobiliaria frente a las intendencias, amén de que muchas de ellas hoy son ocupadas por asentamientos irregulares.
El gobierno anunció que estaba analizando la posibilidad de llevar adelante aquello a lo que siempre se opuso, esto es, conformar una Corporación Ferroviaria (similar a la Corporación Vial del Uruguay con las carreteras) a través de una forma jurídica que opere en el régimen de derecho privado.
Y en eso está.
Pero, por supuesto, entre tantas marchas y contramarchas, y con un año electoral en el umbral, los tiempos no le dan.
De tal forma, no hay mejor idea que dejar esos “regalitos” para quien venga detrás.
Regalitos mal empaquetados que va a costar mucho abrir.
Dr Daniel Bianchi la envidia es mala compania en politica