Comunicado de Prensa
Por Daniel Bianchi
La Navidad es en su origen una fiesta religiosa solemne, una de las más importantes del Cristianismo junto con la Pascua de Resurrección y Pentecostés.
Se festeja el 25 de diciembre y recuerda el nacimiento de Jesús en la aldea de Belén, enclavada entre los montes de Judea, nueve kilómetros al sur de Jerusalén. La fecha fue introducida arbitrariamente por el Papa Liberio en el año 354, haciéndola coincidir con las Saturnales y la celebración del Sol Invictus, una de las fiestas paganas más importantes de la época en el Imperio Romano, con vistas a acabar con esa celebración y lograr una mayor conversión al Cristianismo.
Si bien la festividad nació por un motivo religioso y para muchísimas personas alrededor del mundo sigue manteniendo esa connotación, para otras se trata de unas fiestas de desbordante actividad, por lo cual se dedican a adornar sus casas con guirnaldas y luces de colores, a participar de copiosas y opíparas comidas, y a intercambiar regalos tras la llegada de Papá Noel. Los escenarios habituales se cubren de colores típicos de las tradicionales fiestas, y el bullicio inunda los hogares.
Sin embargo, para unos y otros, la Navidad es una época mágica, que inunda de alegría a la familia, y durante la cual tienen lugar transformaciones casi radicales. Es la época del perdón y la reconciliación.
Es una época propia de milagros.
“Un cuento de Navidad” es una novela corta escrita en 1843 por el autor británico Charles Dickens, que narra cómo la Navidad puede modificar el talante de una persona.
Es precisamente, un relato mágico.
Su vida solitaria, su adicción al trabajo, su tacañería, su avaricia y su desprecio por los demás determinan que el protagonista, el huraño y calculador Ebenezer Scrroge, no celebre la Navidad.
Pero una noche, precisamente en la víspera del Advenimiento del Niño-Dios, el fantasma de su mejor amigo y socio, muerto siete años antes, le advierte a Scrooge que por su avaricia deberá penar durante toda la eternidad, y le revela que recibirá la visita de tres espíritus, que le darán la última oportunidad de salvar su alma.
Scrooge recibe así al Fantasma de la Navidad Pasada, con forma de niño, quien le recuerda su infancia, su etapa de aprendizaje y cómo su novia lo abandona al volverse rico, una escena muy dolorosa para Scrooge.
Luego llega el Fantasma de la Navidad Presente, que le muestra a Scrooge la pobreza de la familia de su empleado y la enfermedad de su hijo, a pesar de lo cual con emotividad y alegría celebran la Navidad. Un niño y una niña surgen revelándose como la Miseria y la Ignorancia, y Scrooge les pregunta si no hay quien los cuide. Ellos responden parodiando lo que el protagonista expresa cuando le piden una ayuda para los menesterosos: «¿No hay prisiones?, ¿No hay asilos?».
Finalmente llega el Fantasma de la Navidad Futura. Mudo, y con un carácter lóbrego y tenebroso, le muestra el destino de los avaros, su casa saqueada por los pobres, el recuerdo sombrío de sus amigos y hasta su propia tumba. Scrooge se horroriza y procura convencer al espíritu que está dispuesto a cambiar si le altera el destino. Al final, el avaro despierta de su pesadilla -porque de eso se trataba- y se convierte en un hombre generoso y amable.
Curiosa narración. Curiosa interpretación. Curioso significado.
Curiosa coincidencia.
El Espíritu de la Navidad Pasada también ha aparecido por estas latitudes mostrándonos cómo se desintegra la familia, cómo se pierde el hábito del trabajo, como actúan los menores infractores, como cae la Educación, como el orgullo y la soberbia impiden modificar el camino elegido.
El Espíritu de la Navidad Presente nos muestra cómo la desigualdad se acentúa, cómo se abre la brecha entre personas ricas y pobres, cómo las cárceles se llenan, cómo se legalizan las drogas en desmedro de la salud de los uruguayos.
Y finalmente, el Espíritu de la Navidad Futura, taciturno, abatido, nos muestra sombrío el final de quienes hacen las cosas mal, la sociedad toda que se rebela ante la opresión, ante la violación de la legalidad y ante la corrupción.
Por ahora, la pesadilla sigue.
Pero aún hay una oportunidad. Todavía este año, aquellos que no se atrevieron a enfrentar con el vigor que la sociedad reclama la inseguridad y el auge de la pasta base, que promovieron la legalización del porro y fueron responsables del irregular proceso de liquidación de PLUNA, tienen una oportunidad de convencer a la gente de que están dispuestos a cambiar y a hacer las cosas mejor.
Conducirse por el sendero del bien no es fácil. Es la senda más larga, y generalmente está llena de espinas y obstáculos. Pero es la que debe tomarse. Es aquella por la que debemos conducirnos.
Es lo que nos enseñó el niño que nació en aquella aldea de Judea que no pide regalos, ni luces de colores, sino que pide corazones contritos cuando se ha actuado mal y la humildad necesaria para reconocerlo.