Conductor de hombres

Nota de Prensa – Opinion

Por Daniel Bianchi

El pasado jueves 19 de junio se cumplió el 250º aniversario del natalicio del Protector de los Pueblos Libres, el Gral. José Gervasio Artigas (1764-1850).

Por esa razón, el Gobierno Nacional organizó tres actos centrales a realizarse en las localidades de Sauce (Dpto. Canelones), Paysandú y Artigas, que incluyeron actividades a nivel social y académico, desde actos protocolares y los tradicionales desfiles hasta la edición de materiales y la realización de jornadas de reflexión de las que participarán representantes de países de la región,son maneras diversas, si bien no las únicas, de homenajear a nuestro Héroe Nacional. Otras son recordar el pensamiento y el sentimiento del adalid, tal lo que pretendemos hacer en esta columna, que no busca en absoluto plasmar una biografía de Artigas, que las hay, y muy buenas, pero sí destacar algunos aspectos de su personalidad.

Habiendo abrazado la carrera militar, y tras su desempeño en el Cuerpo de Blandengues, José Artigas lideró el estallido del proceso de la Independencia Hispanoamericana en el Río de la Plata, por lo cual ha sido reconocido como uno de los más importantes estadistas, y ha sido distinguido como el Héroe Nacional uruguayo, habiendo recibido los títulos de “Jefe de los Orientales” y “Protector de los Pueblos Libres”.

Víctima de la Leyenda Negra pergeñada por los liberales porteños para calumniarlo, llamándolo desde “díscolo”, “autoritario”, “bárbaro”, “sanguinario» y «traidor» a «hombre sin más ley que su voluntad”, e iniciada con el libelo difamatorio contra el caudillo de un funcionario del gobierno de Pueyrredón, Pedro Feliciano Sáinz de Cavia -bajo seudónimo- y continuada dicha prédica antiartiguista por Francisco Berra, Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, el tiempo logró que merced al revisionismo histórico tardíamente fuera honrado, asimismo, en Argentina, por su contribución a la independencia y a la implantación del sistema federal en el vecino país.

Los máximos objetivos de Artigas eran lograr la independencia de los pueblos de América de la Corona Española, y una vez alcanzada ésta, la unión de todos ellos en una Federación Sudamericana. El 7 de diciembre de 1811 manifiesta que los orientales desean contribuir con sus vidas “a la consolidación de la obra que mueve los pasos de los seres que habitan el mundo nuevo”, y señala más adelante que “(…) la libertad de América forma mi sistema, y plantearlo mi único anhelo”.

Su relación con los indígenas, negros y gauchos durante su adolescencia, sus raíces, su formación en el Colegio de los Padres Franciscanos del Convento de San Bernardino, su brillantez, su contacto simultáneo con el hombre de campo, con la sociedad montevideana y con los marginales de dicha sociedad, y sus lecturas (Dos son las fuentes literarias principales del Ideario Artiguista: “Sentido común “, de Thomas Paine, y “El contrato social”, de Juan Jacobo Rousseau, entre varios otros autores de “La Ilustración”), conformaron su personalidad. La libertad y la justicia social que a lo largo de su vida Artigas anhela para la Provincia Oriental y las demás provincias que lo consideran su protector, son consecuencia directa de su conocimiento de la realidad americana.

El Ideario Artiguista quedó formalmente expresado en las Instrucciones del Año XIII y en la conformación de la Liga Federal. También en el Reglamento de Tierras, en el Reglamento Provisorio de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados de 1815. Éste buscó impulsar el desarrollo económico evitando las amenazas de los indígenas a los nuevos pobladores de la campaña, para lo cual Artigas procuró la evangelización de los paganos y la posterior entrega de tierras, para civilizarlos, procurando poblar la campaña, sedentarizar a la población errante -entre ellos al gaucho- creándole hábitos de trabajo y formando así una fuerte clase media rural, y favorecer a la familia y a los más desposeídos, además de imponer el orden en la campaña persiguiendo a los delincuentes, los desertores y los vagos. La distribución de tierras ameritaba tenerlas, para lo cual se les quitaba a los “emigrados, malos europeos y peores americanos”, quienes eran los enemigos de la revolución. Por su parte, el Reglamento Provisorio de Aranceles Aduaneros, que Artigas promulgó desde Purificación el 9 de setiembre de 1815, tuvo el objetivo de regular la recaudación de derechos de los puertos de las provincias confederadas, con tarifas diferenciales que aspiraban a favorecer la introducción de los productos americanos frente a los extranjeros.

Ideas, como se ve, de una extraordinaria fortaleza, que deben interpretarse, además, como aplicables en esas condiciones en los albores del siglo XIX.

A 250 años de su nacimiento, Artigas es, aún hoy, una fuente de descubrimiento, permanentemente reinterpretada, que mantiene en plena vigencia su obra, su personalidad y su pensamiento.

De preclara inteligencia, de indudable tolerancia y comprensión, renuente a las resoluciones arbitrarias y a las imposiciones opresivas de las autoridades porteñas, fue un visionario que luchó por sus ideales sacrificando todo en aras de la Gran Patria Americana.

Fue, quizás como pocos, un conductor de hombres.
Su grandeza, su mente y su corazón, merecen nuestro respeto.

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