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Modelo para armar

A pesar del refranero uruguayo, no todo el año es carnaval.

Aunque no soy carnavalero y de puro ignorante no puedo hacer ningún juicio artístico, hay algo de ese espíritu que es bueno que permanezca en algún rincón de nosotros. Me refiero a esa posibilidad, aunque ficticia y momentánea, de poner el mundo patas arriba. Parece ser una búsqueda universal. En las noches de san Juan «comparten su pan, su tortilla y su gabán gentes de cien mil raleas» canta Joan Manuel Serrat. Aunque sea sólo esa noche. Aunque después el sol diga «que llegó el final, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual.» Algo de eso tiene el carnaval.

El murguista por un rato es dueño del discurso; el doctor, la senadora y el presidente escuchan. El carnaval se termina, la noche de san Juan también: «vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas». Pero la realidad se alteró por un rato. Fue puesta en entredicho. «El noble y el villano, el prohombre y el gusano» bailaron y se dieron la mano «sin importarles la facha». ¿Por qué no puede ser ésa la realidad para el resto del año? No estaría mal que todo el año fuera carnaval.

En Río de Janeiro una escuela de samba recordó a Marielle Franco, luchadora con las mujeres negras y pobres. Fue asesinada en 2018 y hasta hoy «nadie sabe por quién». La escuela de samba campeona del carnaval pasado reivindicó a «Jesús, compañero de los oprimidos». El pastor bautista Henrique Vieira que asesoró a los creadores de la carroza en la que se presenta a un Cristo «con rostro negro, sangre indígena y cuerpo de mujer», dijo que «en una época en que se preconiza tanto un Jesús bélico, intolerante y controlador,
la representación quiere mostrar al Jesús del Evangelio: amoroso, amigo, compañero de los oprimidos».

«El cielo nuevo y la tierra nueva» que anuncia el profeta Isaías como promesa de Dios (capítulo 65) muestra el mundo patas arriba. «El lobo y el cordero comerán juntos», los trabajadores «disfrutarán del trabajo de sus manos y no tendrán hijos destinados a la matanza», «la gente construirá casas y vivirá en ellas, plantará viñas y comerá sus frutos».

No es sueño de una noche, es visión de un reino eterno con la que se cierra también el Apocalipsis, el libro más esperanzador de la Biblia (cap.21).

Lo que llamamos «realidad» es sólo uno de los tantos y posibles armados humanos
que debe siempre ser revisado. Si a hacerlo nos ayuda ese soplo refrescante del caluroso carnaval, que se quede todo el año no está tan mal.

CUESTIÓN DE FE: Iglesias Evangélicas Valdenses de: COLONIA / COSMOPOLITA / ROSARIO / TARARIRAS / VALDENSE